viernes 10 de julio de 2009

La Vida de Brian

TITULO ORIGINAL Monty Python's The Life of Brian
TRADUCCIÓN: La Vida de Brian por los Monty Python

AÑO 1979
DURACIÓN 93 min.
PAÍS: Gran Bretaña
DIRECTOR Terry Jones
GUIÓN Terry Gilliam, John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle, Terry Jones
MÚSICA Geoffrey Burgon
FOTOGRAFÍA Peter Biziou
REPARTO John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle, Terry Jones, Terry Gilliam, Charles McKewon, Bernard McKenna, Andrew McLachlan
PRODUCTORA HandMade Films

La vida de Brian tercer largometraje del grupo de comedia inglés Monty Python, Life Of Brian (La vida de Brian, 1979) trata la historia de un niño que nace el mismo día que Jesucristo, el Mesías, y es varias veces confundido con él. Con canciones clásicas de los Python como "Always Look On The Bright Side Of Life" (Siempre mira el lado luminoso de la vida) cantada por un coro de crucificados, la película es, junto con Los caballeros de la mesa cuadrada la más exitosa de Monty Python.

Fue dirigida por Terry Jones y escrita por los Monty Python: Terry Jones, Terry Gilliam, Eric Idle, John Cleese, Michael Palin y Graham Chapman. Asimismo, es un dato que raramente es mencionado el haber sido financiada por George Harrison, el mítico componente de Beatles.



El Milagro de P. Tinto

Dirección: Javier Fesser
Guión: Guillermo Fesser y Javier Fesser
Montaje: Guillermo Represa (imagen) James Muñoz (sonido)
Música: Suso Saiz
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Vestuario: Pipa y Milagros “En escena”
Sonido directo: José María Bloch
Dirección artística: Cesar Macarrón
Efectos especiales: Raúl Romanillos EFE-X


El milagro de P. Tinto es una película surrealista cómica española, relatada en retrospectiva, dirigida por Javier Fesser y escrita por él mismo junto con su hermano Guillermo Fesser (miembro de Gomaespuma). La película, estrenada en 1998 ganó el Premio Goya a los mejores efectos especiales.


Sinopsis
Desde pequeño, P. Tinto (Luis Ciges) está obsesionado con tener una gran familia. Se casa con Olivia (Silvia Casanova), una muchacha ciega obsesionada con el ahorro, pero, pese a que le ponen gran empeño, no consiguen traer niños a este mundo. En su casa, situada en el campo, ven pasar los años, así como el Expreso Pendular (cada 25 años), hasta que un día tras pedirle a San Nicolás desesperadamente que les dé un hijo, aparecen dos marcianos gorrones (Javier Aller y Emilio Gavira) cuyo ovni (una especie de seiscientos descapotable que vuela) se avería frente la casa de P. Tinto. Éste y Olivia al confundir a los marcianos con los hijos que han pedido al santo en sus oraciones acaban por adoptarlos como hijos suyos a pesar de que los marcianos les explican insistentemente que vienen de otro planeta. Sin embargo, P. Tinto no siente a los "niños" como propios, por lo que decide adoptar un niño africano. Entonces, aparece Pancho José (Pablo Pinedo), un gigantón extranjero de raza blanca escapado de un manicomio que lleva consigo una bombona a cuestas, y P. Tinto contrata a Usillos (Janfri Topera) para que construya una habitación a su hijo "africano", personaje que aparte de ser un constructor excesivamente nacionalista, está dispuesto a convertirse en un gran ufólogo y trabajar para la NASA. Con esta singular mezcla de personajes, comienzan a sucederse divertidas y surrealistas historias, viajes en el tiempo, el cierre de la fábrica de obleas de P. Tinto, la vocación sacerdotal de uno de los marcianos y, sobre todo, el ansia de Pancho por volver a ver a su madre, que murió aplastada por una caja de queso de tetilla.

Durante la trama de la película es notorio el espíritu nacionalista no solo de Usillos sino de otros de los personajes, teniendo como principal marca de productos "mikasa" (obviamente una parodia hispana de los productos marca ACME de los dibujos animados del Coyote y el correcaminos) que fabrica desde cintas de medir hasta detectores de extraterrestres.



La Belle Verte

TITULO: LA BELLE VERTE
TRADUCION: EL PLANETA LIBRE


1995 (Francia)

Actores: Vincent Lindon, Coline Serreau

Director: Coline Serreau

Música: Coline Serreau

Escrita por: Coline Serreau

Fotografía: Robert Alazraki AFC

Duración: 95 min.

SINOPSIS
Planeta Libre ( La Belle Verte ) es un pequeño y lejano planeta que en el año 6000 su sociedad está tan avanzada que han prescindido del dinero y todos los objetos materiales, viven alrededor de 250 años, se comunican telepáticamente y están en contacto completo con la naturaleza, lo que necesitan lo logran utilizando sus ondas cerebrales.

En la reunión anual del planeta, donde intercambian sus producciones y deciden comunitariamente sus viajes, surge siempre la misma pregunta: "¿alguien quiere ir a la Tierra?" Nadie se atreve a hacer el viaje a este peligroso y primitivo planeta, hasta que Mila, la hija del último hombre que visitó la Tierra, se presta como voluntaria.

Al llegar, se producen cambios en la manera de ver el mundo en la genta con la que se relaciona...A través de Mila, descubrimos con humor nuestra sociedad, sus aberraciones y las asombrosas cosas que pueden pasar cuando uno se "conecta" con otra realidad, en otro nivel de conocimiento.


domingo 5 de julio de 2009

ACARTONADOS - Trailer Oficial (2009)



Título: Acartonados
País: Argentina
Año: 2009
Duración: Cortometraje
Actores: Hilario Quinteros y Mariano Wheeler Alvear
Dirección: Ezequiel Semhan
Guion: Luis Quiroz
Montaje y Fx: Melisa Moreno y Sebastián Camiletti
Camara: Matías Altieri
Asist. de Camara: Nacho Ordás
Fotografía: Semhan , Moreno y Camiletti
Arte: Salinas, Correa, Caggiano, Camiletti, Semhan, Quiroz, Ordas.
Sonido: Barbara Caggiano y Sebastián Camiletti
Diseño Grafico: Sebastián Camiletti
Productora: Sol de Noche Producciones
Coproductora: UAI CINE / DOCTOR MOSTAZA PRODUCCIONES

Trailer realizado por DOCTOR MOSTAZA

La Sonámbula, recuerdos del futuro.



La Sonámbula, Recuerdos del Futuro
Argentina, 1998 Género: Ciencia ficción
Director / Autor: Fernando Spiner
Script: Ricardo Piglia y Fernando Spiner
with the collaboration of: Fabián Bielinsky
Elenco: Sofía Viruboff, Eusebio Poncela, Patricio Contreras, Lorenzo Quinteros, Norman Briski, Alejandro Urdapilleta.


Sinopsis: Sucede que en el año 2010 el gobierno argentino hará pruebas con armas químicas, pero algo saldrá mal y se producirá una gran explosión en el centro de experimentación. Este hecho afectará a 300.000 personas que se verán privadas de su memoria. El gobierno implementará un programa para tratar de recuperar las mentes de los perjudicados. A falta de antídotos mágicos, grupos de profesionales tienen la tarea de convencer a los damnificados como único método para la restitución de su pasado, y por consiguiente de su vida. Resistiéndose a la terapia, surgirá un grupo rebelde, inspirados en un tal Gauna, personaje desconocido por las autoridades, pero con una influencia comparable a la de los líderes proféticos escondidos en la clandestinidad, que descreerá de la persuasión gubernamental. En este medio, una nueva lesionada llegará al centro de rehabilitación del Estado, Eva Rey. Pero no se trata de una paciente más, perdidos en su inconsciente, parece tener visiones tanto retrospectivas como prospectivas, y además... hay indicios de que Gauna en persona no le es desconocido. Esto motiva a que Ariel Kluge, un informante, sea asignado para su vigilancia.

viernes 12 de junio de 2009

Cap. 12 - Platón - La Alegoría de la Caverna


Libro VII de la República comienza con la exposición del conocido mito de la caverna, que utiliza Platón como explicación alegórica de la situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento, según la teoría explicada al final del libro VI.

El mito de la caverna
I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.

Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.

- Ya lo veo-dijo.

- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!

- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?

- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?

- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?

- ¿Qué otra cosa van a ver?

- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?

- Forzosamente.

- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?

- No, ¡por Zeus!- dijo.

- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.

- Es enteramente forzoso-dijo.

- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?

- Mucho más-dijo.

II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?

- Así es -dijo.

- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?

- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.

- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.

- ¿Cómo no?

- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.

- Necesariamente -dijo.

- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.

- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.

- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?

- Efectivamente.

- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?

- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.

- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?

- Ciertamente -dijo.

- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.

- Claro que sí -dijo.

III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.

- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.



La Alegoría de la caverna —también conocida por el nombre de Mito de la caverna— está mucho más cerca de ser una alegoría que de un mito. Es la más célebre alegoría de la historia de la filosofía[junto con la del Carro alado. Fama debida, sin duda, a la utilidad de estos mitos para que, a propósito de su narración, se expliquen las partes más importantes del pensamiento platónico.
Se trata de una explicación
metafórica, realizada por el filosofo griego Platón al principio del VII libro de La República, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo con cuatro tipos de conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (solo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón).

Platón describió[4] en su alegoría de la caverna una vivienda cavernosa, en la cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.
Estos hombres encadenados no pueden considerar otra cosa verdadera que las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados en tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.
Continúa la narración contando cómo uno de estos hombres es liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior(hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol y lo que le es propio"[5] , metáfora que encarna la idea de Bien.
La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para que retome su lugar en ella y dando cuenta de cómo se reirían de él sus antiguos compañeros por su ascensión hacia el conocimiento. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva.

Interpretación esotética
La interpretación de la Alegoría de la caverna hay que buscarla muy al final del libro VI y en el libro VII de La República de Platón, una interpretación que es puramente epistemológica, no en vano comienza la historia con estas palabras:
-Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o falta de ella, se encuentra nuestra naturaleza.
Pero bajo su sentido epistemológico esconde connotaciones propias de la metafísica platónica, así como de su política dado que La República es un tratado político.

La metafísica subyacente en la alegoría
Nada más terminar la narración del mito nos cuenta Platón, por boca de Sócrates, a qué representa cada una de las imágenes que se exponen en él.[8] Corresponde a las sombras y a los hombres que las producen el mundo que percibimos por los sentidos o Mundo sensible; y la hoguera al Sol que todo lo ilumina y nos permite ver. La ascensión al exterior de la cueva figura el ascenso al mundo inteligible, mundo en el que se encuentra la idea de Bien[9] representada por el Sol.
Ambos mundos son reales, pero el inteligible posee más entidad siendo fundamento de todo lo sensible. Pertenecen a este mundo las esencias o ideas y, de entre ellas, la idea de Bien es fundamento de todas las demás ideas y por ende de lo sensible.
Pero, con todo, esta explicación que nos da Platón no es más que una nota al margen de lo que esta alegoría pretende dar a entender. Eso sí, es necesaria para entender el camino del alma hacia el mundo inteligible.

La epistemología subyacente en la alegoría
Se trata de la parte central de la narración, pero antes de exponerla es preciso contextualizar la epistemología de Platón. Tanto Heráclito como Parménides habían comenzado dos caminos opuestos para avanzar hacia el conocimiento de la realidad, el primero atendiendo a lo mudable,[el segundo a lo eterno e imperecedero. Y fue el propio Parménides el que puso nombre a ambos: vía de la opinión y vía de la verdad, respectivamente. Platón, dialéctico él, conjugará ambas vías, si bien dando más importancia y validez a la parmenidea. A estos autores hay que mirar para entender lo que se esconde tras el Mito de la caverna.
Según Platón, a cada tipo de realidad le corresponde un tipo de conocimiento apropiado, y éstos a su vez se subdividen en otros dos tipos distintos, cada cual más cierto[12] cuanto mejor aprehenden lo inteligible. Así, para conocer el mundo sensible disponemos de la opinión, que siendo conocimiento es un saber que puede contener error, y que viene a coincidir con la vía abierta por Heráclito. Por otra parte, para conocer el mundo inteligible contamos con la ciencia que nos proporciona un conocimiento cierto de la realidad, camino propuesto por Parménides. La opinión o δόξα, como ya ha sido dicho, se divide a su vez en dos subtipos de conocimiento: la imaginación o εἲκασια; y la creencia o πίστις. A su vez, para el conocimiento del mundo inteligible, la ciencia o ἒπιστέμη se divide a su vez en pensamiento o διάωοια que capta las esencias y la razón o νόησις que capta la idea de Bien.
De este modo, el conocimiento adquirido por la contemplación de las sombras se identificaría con la fiabilidad del conocimiento que proporciona la imaginación, similar a tomar con una certeza más allá de lo deseable a imágenes reflejadas en espejos, o a imágenes pintadas o esculpidas, o incluso a la misma alegoría de la caverna. La visión de los hombres que caminan por la cueva mostrando objetos y la hoguera misma con la creencia, similar a tomar con una certeza más allá de lo deseable el conocimiento adquirido por la mera observación de la naturaleza en la que todo es mutable. La contemplación del mundo exterior a la cueva representa al pensamiento, el paso al conocimiento del mundo inteligible en el que se encuentran las esencias o oὒσία, un conocimiento que deja de ser una opinión con posibilidad de error, para ser un conocimiento cierto, acorde con la realidad ya que todas las cosas sensibles son imágenes de sus propias esencias. Y por fin, el conocimiento adquirido con la contemplación del Sol representa el conocimiento que se obtiene con la contemplación de la idea de Bien o razón. Se trata de un conocimiento que supera al mismo pensamiento tanto en cuanto que el que lo posee conoce todas las esencias del mundo inteligible porque se fundan en ella y, a través de ellas, todas las realidades del mundo sensible, mientras que el que sólo usa del pensamiento, sólo conoce las esencias que va descubriendo en su pensar.

La educación subyacente en la alegoría
Dado que La República es un tratado político cabría esperar que tras la alegoría se escondiera una mayor referencia a la teoría política de Platón que a la epistemologúa y a la educación, pero no es así aunque algo de política tenga.
La importancia que Platón concede a la educación en vistas a una correcta organización de la Polis hace que dedique una muy importante cantidad de páginas a este tema en La República. Platón llega incluso a diseñar en ella un programa de estudios para tal fin basado en los grados del conocimiento descritos anteriormente.
Es el proceso de formación y educación del rey-filósofo lo que está encarnando todo ese periplo a través de los grados del conocimiento que realiza el protagonista de la historia. Una formación a cargo de los más sabios que han de iniciar todos los ciudadanos y que completarán en la medida de que estén capacitados para el conocimiento.
Pero, como alegoría que es, no tiene perfecta correspondencia con el pensamiento de Platón. Por ejemplo, el personaje es continuamente obligado a ascender en los grados de conocimiento porque, como dice el propio Platón al terminar de narrar la alegoría, el saber es costoso y no suele hacerse de buena gana, mientras que más adelante, ya terminado el mito, Platón señala que no es deseable usar la fuerza para que los niños aprendan
En la política platónica no hay tal obligación externa encaminada a que los hombres asciendan en los grados de conocimiento, nadie ha de ser arrastrado tal y como narra la alegoría. Si acaso, la única obligación de la que habla Platón en su política es de una obligación moral de todos los ciudadanos para que asuman con responsabilidad el deber de educarse lo mejor que puedan conforme a su capacidad por mor del mejor bien de la polis. Un bien que consiste en ser ser dirigida rectamente, es decir, conforme a razón.
Los propios alumnos, guiados por maestros mediante el uso de la dialéctica, irán alcanzando por sí sólos los distintos grados de conocimiento hasta el límite que la capacidad de cada uno de ellos determine.

La política subyacente en la alegoría
Las las connotaciones políticas que este mito tiene son secundarias o indirectas. De todas las obligaciones a la que es sometido el prisionero de la alegoría, la única que realmente se mantiene en la teoría política platónica es la de que tanto el personaje de ella como el sabio han de ser obligados igualmente a abandonar la contemplación del mundo inteligible para dirigir a sus conciudadanos debido a que ese regreso para asumir el gobierno de la Polis aleja al sabio de la mayor felicidad: el seguir contemplando la idea de Bien. Esta obligación es más interna que externa, su fuerza reside en la responsabilidad que tiene el sabio de cara a la Polis para que ésta alcance su bien,esto es, para que todos los habitantes se guíen conforme a la razón al ser dirigidos por el sabio.
Con todo Platón es consciente de que muy pocos son capaces de llegar al más alto grado de conocimiento. Ello le llevará a proponer que también han de desempeñar la función de gobernar, en un gobierno que es temporal y rotatorio, los que más hayan accedido al mundo inteligible por medio del pensamiento.El motivo de la rotación es limitar en el tiempo la función de gobernar para no hacer más gravosa aún la obligación de desatender el estudio y contemplación de las esencias al hacerla perdurar escesivamente en el tiempo.

Interpretaciones exotéticas
Como a casi todo texto alegórico, a la Alegoría de la caverna no le faltan interpretaciones que han sido dadas al margen de la que le dio su autor en la Academia. El motivo principal que lo causa es el hecho de que casi toda la obra de Platón conservada[ es de carácter exotérico, es decir, destinada a los no miembros de la Academia y por tanto asequible al gran público. Esto determinó que Platón dotara a su obra de una extraordinaria belleza literaria por las imágenes propuestas, pero con poca precisión conceptual en muchas de sus partes. El quedarse sólo en la lectura de la alegoría sin atender a las explicaciones que de él nos dio su autor, ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones.
Este tipo de alegoría, en la que pone de manifiesto cómo los humanos podemos engañarnos a nosotros mismos o forzados por poderes fácticos, es repetida durante la historia por muchos filósofos u otros autores, como Calderón de la Barca con La vida es sueño. Ejemplos más modernos pueden ser el libro La Invención de Morel (1940) de Adolfo Bioy Casares, Un mundo feliz, de (Huxley, 1932), la trilogía cinematográfica Matrix o El show de Truman, o el libro La Caverna (1998) de José Saramago.